viernes, febrero 10, 2012

nota con Dante

Julio 2010. Revista .dom, de Tiempo Argentino.


"Ser un Spinetta me dio alas"
En segundo grado rappeaba, en la adolescencia cantó en escenarios de la Argentina y el mundo. Acaba de presentar su tercer disco solista y asegura que ser hijo de Luis Alberto no es ninguna mochila.

MALENA SÁNCHEZ MOCCERO
Antes, en el Aeropuerto Nacional de Ezeiza, los pasajeros bajaban del avión y ahí nomás los veías. Cuando él vislumbró la silueta alta y delgadísima no pudo contenerse. Se alejó de su madre y fue corriendo a abrazarlo. Su padre lo alzó y ahí nomás le dio el regalo: una guitarrita eléctrica especial para niños. Era 1979 y Luis Alberto Spinetta venía de grabar el disco Only love can sustain en Estados Unidos cuando alzó a su primer hijo, Dante.

lunes, diciembre 05, 2011

Todos nos vamos a morir.
Eso te puede aterrar.
O hacerte libre.

miércoles, noviembre 23, 2011

Hoy me dieron ganas
de ser una de esas empleadas
que bajan con los puchos y el encendedor
a las veredas sin cielo de Paseo Colón.

jueves, octubre 27, 2011


Hay hombres que les molesta que las mujeres nos cortemos el pelo cuando cortamos con alguno de ellos. Que es algo superficial, forzado, impuesto, mentiroso. Las mujeres lo hacemos. Dejamos, nos dejan, y vamos. Cortame, cortame las puntas florecidas, esas puntas que alguna vez le hicieron cosquillas en la cara, esas puntas que alguna vez quedaron trabadas en su abrazo, esas puntas que se apoyaron en su sillón, en su almohada, en el pasto de su jardín. Dale, sacame todo, cortame. Cortame esa angustia del final, cortame las lágrimas que ardían en las pestañas, la asfixia, el sinsentido, la mediocridad. Dale, por favor, cortame, cortame esas puntas que estaban cerca de mi frente la primera vez que lo vi, que estuvieron en mi nuca la vez que nos fuimos a la playa, cortame, cortame todo. Cortame la última imagen, las ganas de salir de ahí, el dolor, sacame todo, por favor, cortame. Cortame su puchero, sus pupilas rojizas, mi dolor de panza, la cerveza tibia, ese pucho que se consume, ese recuerdo. Cortame, sacame ya esas puntas, esas puntas que fueron una, pero que ahora, transparentes y secas, se alejan para siempre.

lunes, octubre 03, 2011

desnudemos
esta noche,
los fantasmas.

arranquemos
los renglones
que te enmarcan.

destiñamos
tanta estupidez
tatuada.

vomitemos
esos hábitos
que matan.

olvidemos,
para siempre,
los rituales.

despeguemos
esos ojos
que nos juzgan.

olvidemos
el pasado
y su karma.

seamos libres,
por favor,
hasta mañana.

miércoles, septiembre 21, 2011

el hijo

Hoy una amiga me dijo que estaba embarazada. Y hoy vi la obra "He nacido para verte sonreír". "Qué zarpado vas a traer una vida al mundo", le dije y me quedé pensando. ¿Quién la trae? ¿Quién pensarán que la trae? ¿De quién fue la voluntad? ¿Por qué aparecerá un cuerpo nuevo en el mundo? ¿Con qué vendrá ese cuerpo? ¿Será frágil, será grotesco? ¿Le tendrá miedo a la muerte? ¿Será caprichoso para comer? ¿Le gustará el brócoli? ¿Escribir? ¿Se dormirá viendo películas? ¿Llorará frente a otras personas? ¿Se enamorará alguna vez? ¿Se lastimará haciendo algún deporte? ¿Se sentirá traicionado? ¿Me querrá? ¿Con qué viene una vida al mundo? ¿Qué trae? ¿Quién lo moldeará? ¿Qué será si es libre? ¿Quién le surcará las huellas? ¿Qué marcas no podrá olvidar? ¿Qué le causará rencores? ¿Sabrá perdonar? ¿Le dará miedo el mundo? ¿Aprenderá rápido a caminar? ¿Se sentirá obligado a ser de alguna manera? ¿Se reirá con carcajadas en el cine? ¿Sentirá envidia? ¿Le darán miedo las inyecciones? ¿Creerá en los fantasmas? ¿Quién lo influenciará? ¿A quiénes mirará con admiración? ¿Con qué otros cuerpos se cruzará? ¿Con qué otros cuerpos se fundirá? ¿Qué otros cuerpos deseará? ¿Amará? Traer una vida al mundo. ¿Darle luz? ¿Darle oscuridad? ¿Darle? ¿Por qué? ¿Qué darle? ¿Darle amor? ¿Qué es dar amor? ¿Hay amor sano y amor obsesivo? ¿Qué es amor? Por ahí mañana tenga alguna respuesta. Aunque creo que surgirán más preguntas. Ojalá sea libre.

jueves, septiembre 08, 2011

jueves, agosto 11, 2011

granizo

El tiempo se detuvo. El tiempo, el cielo, mis dedos, mi mente, las palpitaciones de mi corazón. Todo se detuvo por un instante esa tarde. Había ido a una entrevista a Belgrano, cuando Belgrano era ese barrio ajeno y desconocido. La entrevista, al presidente de una fundación, había sido en una casa antigua venida abajo. Cuando salí eran las cinco de la tarde pero la ciudad estaba oscura. Cuando me tomé el colectivo en Cabildo el silencio, ese prólogo rotundo, cedió lugar a la tormenta. La gente corría, como corre la gente en Buenos Aires cuando llueve. Yo me senté en un asiento individual del colectivo y miré las gotitas que caían por el vidrio de la ventana, como lágrimas histéricas de alguna mujer temblorosa. Tenía esa incertidumbre mentirosa, aquella que cobarde oculta alguna certeza. Tenía miedo y una angustia que retorcía algún órgano entre mi estómago y mi pecho. La lluvia, ese murmullo dulce, se transformó en un granizo violento. El colectivo se quedó parado en la mitad de la avenida, como homenajeando al granizo con el silencio de su motor. Y fue en ese instante, ese instante divino, esa pausa universal, cuando elegiste entrar en mi mundo. Vi esas letras juntas que forman tu nombre, ese número que había guardado hace unos días con alguna excusa académica. Vi tus letras y supe que eran el prólogo, el prólogo a la novela más trillada y virgen que se haya escrito, a esa novela que, de tratarse de una historia ajena, jamás leeríamos. El prólogo a la novela más perfecta y empalagosa, la novela de la felicidad.

martes, junio 28, 2011

La felicidad me vuelve un cliché inmundo

Así que mejor les comparto la belleza de la última canción de Radiohead.

martes, abril 26, 2011

Están esos momentos que son una caricia al autoestima pero que desde que vos no estás son un círculo partido. Y ahora descubro que para mi no son grandes cosas y no me  modifican interiormente pero me sigue invadiendo la excitación y la adrenalina y hasta pienso como contextualizarte a los gritos y hablarte bien claro para que entiendas y puedas desparramarlo con ese orgullo de abuela. 
Tengo un regalo en el cajón, tengo fotos, esto que me pasó hoy y el agüjero enorme de tu ausencia.

La memoria y la propaganda

Los secretos del film sobre Nüremberg que realizó el Departamento de Estado norteamericano para desnazificar la Alemania de posguerra, contados por la restauradora e hija del realizador. Verdad histórica vs. realpolitik.

miércoles, marzo 23, 2011

muñeca rusa

si te asfixia,
si te harta,
si te estruja
la garganta
yo no puedo asegurarte
nada
yo no puedo aconsejarte
nada
yo no sé
nada
no soy Fito,
no te digo confíá,
ni que te tires un cable a tierra
yo sólo puedo
mirarte
y verte así
dolorida y bella.

jueves, febrero 17, 2011

nunca


Ay, tanto empalago,
tanto se destiñe,
la palabra más oscura,
tanto se erosiona,
la palabra más tajante
que camina sola con la muerte
burlándose de tanta sentencia idiota.

miércoles, diciembre 29, 2010

Era para esta época

Era para esta época. Fue durante muchos años. Empezó por mis guillerminas blancas, después por las zapatillitas Fancy y más tarde las Topper y las alpargatas. Después de Navidad, viajábamos 500 kilómetros hacia Coronel Suárez, la ciudad de mamá. Veníamos apretados, preguntando cuánto falta, jugando al veo veo. En la rotonda de llegada mamá nos hacía poner las zapatillas y nos peinaba. Anochecía, llegábamos, nos encontrábamos. Pero el episodio que se repetía año tras año durante, tal vez, veinte años, era a la mañana siguiente. Despertaba cerca del mediodía, y ella me tomaba la mano y me llevaba por el pasillo hacia la puerta del patio, la abría y bajo el sol furioso de los últimos días de diciembre estaban mis zapatillas transformadas: blancas purísimas, todavía algo duras por el jabón blanco. Y siempre, con orgullo y disfrute, la misma pregunta. "¿Las reconoces?". De mi no me acuerdo. No me debería importar mucho. Tal vez emitía alguna onomatopeya de sorpresa, o le agradecía y volvía para adentro. No sé. Y recién ahora visualizo lo previo a esa blancura bajo el sol. Una abuela levantándose tempranito, agarrando uno a uno los pares de sus nietos y fregando hasta la pureza absoluta. Yo te pedía cartas, vos me respondías que no te gustaba escribir. Pero ahí estabas, cada mañana fregando ese amor que no entra en las palabras, poniendo en jabón esa alegría de recibirnos cada año.

jueves, agosto 26, 2010

Te traje un regalo
de mi último viaje,
pero perdón,
se lo di otra persona,
nadie dijo "querida"
nadie "no te hubieras molestado"
nadie ninguna
onomatopeya
yo sólo quería escucharte
decirme "querida"
una vez más.

martes, agosto 24, 2010

Mujer sin culpa:


Me encantaba
contarte
mis pecados.
Que se estiren,
-no como chicle,
no como algo aburrido-,
pero que se estiren
-sin desgastarse,
sin transparentarse,
sin quebrarse-,
esos segundos
en que me olvido
que te fuiste.

sábado, julio 03, 2010

Mi credo

Creo en algunas palabras, pero sobre todo en lo que dicen los ojos, las cejas y las muecas de los labios. Creo en los exabruptos, en los actos fallidos y en los arranques de ira. Creo que en la belleza de la imperfección y en el azar. Creo en una frase de Sartre y en el té con miel para el dolor de garganta. Creo en la historia, en las marcas imborrables y en los estornudos. Creo que siempre voy a preferir la verdad. Creo en el otro, aunque no siempre, aunque no en todos. Creo en la intuición y el silencio. Creo en los cuerpos y en lo hereditario. Creo que los niños mienten y los grandes también. Creo en la espontaneidad y en la muerte. Creo en el sufrimiento y en las ganas de correr. Creo en todas las publicidades para el pelo y en las personas que ríen hasta llorar. Creo en la gente insegura y en la inspiración. Siempre les creo a los médicos, y a veces a mi mamá. Creo en las adicciones, y en el café para despertarse. Creo en las casualidades, en el vino tinto para disfrutar la noche, en las personas que andan descalzas, en los que se duermen viendo una película, en los que murmuran una canción mientras cocinan y en los que se quedan callados mientras se duchan. Creo en todos los abrazos y sólo en algunas palmaditas en el hombro. Creo en el queso rallado para las pastas y en que uno se enamora pocas veces. Creo en los que se expresan con sencillez y en algunas metáforas. Creo en los mapas y en la gente impulsiva. A veces creo en un dios, nosé si todopoderoso, pero siempre, siempre, creo en vos.

martes, junio 29, 2010




No, no me acostumbro a esta amputación, a ese tajo que nunca cicatrizará, a esa cuchilla filosa que con total impunidad me sacó un pedazo de mi vida.
Uno busca con obstinación alejarse del cliché y aparece la muerte y nos deja un vacío.



jueves, junio 24, 2010

crónica de una manaña triste

Es miércoles y todavía no son las diez de la mañana. Abril se está despidiendo con un frío inesperado. Hace más de una hora que mucha gente del barrio se fue para microcentro a trabajar. Ahora quedan porteros que se gritan de una vereda a la de enfrente, señoras que lustran picaportes y gritos de niños que juegan a la mancha en el recreo.
Un hombre camina con muletas. Tiene un sweater azul gastado que se estira en la panza  y le marca la camisa. Tal vez tenga cincuenta pero parece de sesenta. Las canas amenazan, enredadas, con ganarle a los pocos pelos morochos que sobreviven. Las muletas llevan a un hombre cansado, a un hombre de piel curtida, a un trabajador lesionado.
El hombre camina en la vereda del quiosco. El hombre cae, no se tropieza, tal vez se desmaya. Su cuerpo queda acostado en la vereda. El quiosquero grita. El portero de al lado se acerca y se arrodilla. Yo me agacho y le sostengo la cabeza. Llega otro hombre, con bigotes rojizos y cejas rígidas, y empieza a golpearle con sus manos cruzadas en el pecho. El hombre no está inconsciente, el hombre respira, el hombre abre un poco los ojos y los cierra, no puede hablar. De repente hay un círculo de personas que nos rodea. Hay un policía que dice que ya llamó a la ambulancia. Y nosé quién les avisa ni por qué llegan tan rápido pero aparecen una señora que dice que es su marido y una adolescente que dice que es su padre. La señora es bajita y gorda, tiene una falda gris debajo de las rodillas y un sweater color salmón de ochos. La hija tiene campera, unos rulos que mueve de la frente a detrás de las orejas y un jean ajustado.
La ambulancia no viene. Llamo al consultorio de mi médica clínica que queda a media cuadra. Le cuento a la secretaria lo que pasa y en cinco minutos vienen dos médicas corriendo. Entre las dos, comienzan con la respiración boca a boca. Una de ellas le pregunta a la mujer si es diabético. La mujer, que no llora pero está a punto, dice que sí. Sí, señora, sí, por favor, sí, es diabético. Una de las médicas pide azúcar. El quiosquero alcanza sobrecitos. La médica le abre el sobre en la boca, pero el hombre ya no responde. No traga la azúcar. Y la respiración boca a boca se vuelve dulce, impotente, resignada. Las médicas se miran. “Está en paro”, dice una. La madre llora con nerviosismo, la hija llora con timidez. Le acaricio el brazo, la trato de calmar, pero también lloro.
Pasan unos minutos que son horas, que son meses, que son años. Viene una ambulancia pero es chofer y no tiene médicos. Sigue. Viene la del SAME, veinticinco minutos después del llamado. Somos 10 personas alrededor del hombre. Yo sigo al lado de la hija, frotando mi palma sobre su hombro. El policía hace por primera vez algo: despeja la zona. “Señores, qué les pasa, esto no es un show, ¿que quieren ver? No es un show esto”. La gente se va. Nos vamos. Suben al hombre a la ambulancia. Y él también se va.

viernes, junio 04, 2010

                                                                                                                                                                        

Que,
donde sea que estés, 
seas feliz. 
Acá pienso que 
nunca 
voy a dejar de extrañarte. 












jueves, abril 29, 2010






Este viaje, tu ausencia, y la tristeza de las plumas mojadas de la vejez.
Hoy tuve que usar, por primera vez en tres años, uno de los Kleenex que tiene mi psicóloga en el sillón.



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